Abuelita Socorro es despedida por la comunidad de Lo Barnechea

 

Era la vecina más longeva de la comuna. Junto a su marido formó una familia que hoy tiene más de 80 integrantes.

Corría el año 1908. Chile era gobernado por el presidente Pedro Montt y Santiago apenas tenía 507.296 habitantes. Lo Barnechea aun no existía como comuna y dependía fuertemente de las actividades mineras. La mina más importante de ese entonces era “La Disputada”, en donde los trabajadores trasladaban el mineral en carretas con yuntas de bueyes desde la mina hasta Las Puertas en el sector de la Plaza San Enrique. En este contexto nacía un 9 de abril María Rosa Del Socorro Pinto Salfate; hija de Juan Pinto y María Salfate.

La infancia de Socorro estuvo marcada por la estricta crianza de su madre y los mimos de su padre quien la alentaba en sus locuras infantiles y la defendía cuando hacía alguna travesura.

María Rosa del Socorro es conocida por todo el pueblo de Lo Barnechea como “La abuelita Socorro” matriarca de una de las familias más importantes y reconocidas de la comuna quien durante toda su vida cobijó tardes de juegos y grandes almuerzos para cada niño o vecino que pasara por su casa.

A pesar de su edad, Socorro atesoraba recuerdos vívidos de su infancia: “a mí me encantaba leer, siempre me gustó mucho la lectura, todavía leería si pudiera”. Hace 15 años que Socorro quedó ciega, algo que la entristece profundamente ya que no sólo no puede disfrutar de un buen libro, sino que tampoco ha podido ver como su querido pueblo ha ido creciendo.

Los libros la hacen soñar desde que era una niña, incluso la metieron en problemas más de una vez relata con su voz pausada: “Una compañera de colegio me prestó la Dama de las Camelias (…) me dijo que cuidara el libro porque no era de ella; yo prometí cuidarlo mucho. La leía cada vez que podía, incluso en el colegio leía escondida debajo del banco, hasta que un día una profesora me descubrió, mandó a llamar a mi mamá y le dijo que yo leía libros prohibidos. Mi mamá muy enojada por la vergüenza que la había hecho pasar, tomó el libro y lo tiró al fuego, yo vi el libro ardiendo y me puse a llorar. Cuando llegó mi papá dijo molesto: en esta casa no hay libros prohibidos, todos se pueden leer. Yo quería mucho a mi padre, era su regalona y siempre me defendía”.

Su legado

Socorro junto a su marido Pedro Araya tuvieron 6 hijos quienes le dieron 19 nietos. Hoy ya atesora a 44 bisnietos y 15 tataranietos quienes la visitan frecuentemente. Una familia de más de 80 integrantes de línea directa que se vio enriquecida por la decisión que tomó Socorro de adoptar a dos hijos más. El primero llegó cuando solo tenía 8 años. Vladimiro Ibáñez Albornoz se integró a la familia tras quedar abandonado por la muerte de sus padres. Dos de sus hijos lo encontraron llorando solito y lo trajeron a la casa y ahí se quedó. Actualmente tiene 74 años y vive en una parcela en Valle Alegre. El corazón aún le alcanzaba para una octava hija más y aunque a pesar que ya estaba casada y tenía dos hijas, no dudó en ayudarla y tratarla como a una hija más. “me preguntó si podía ser su mamá y yo le dije que si” recuerda emocionada Socorro.

Su marido la apoyaba en todo, sus hijas, María Araya y Victoria Araya lo recuerdan como padre ejemplar y un marido muy preocupado. Pedro era arriero y llegó a la vida de Socorro con 19 años arriba de su caballo, tras este encuentro no se volvieron a separar hasta su muerte cuanto tenía 89 años tras sufrir de un terrible cáncer.

“A mi marido lo conocí porque me lo presentó un amigo cuando yo tenía 14 años. El llegó a caballo y conversamos harto rato. Pololeamos 8 años y cuando cumplí 21  me dijo que nos casáramos”, pero la propuesta de matrimonio vendría atada a una condición, recuerda Socorro, “Pedro me dijo: nos vamos a casar con una condición tienes que irte a vivir conmigo y mis viejos, para que acompañes a mi mamá. Yo acepté, viví con ellos hasta que los dejé bajo tierra”. Tras la muerte de sus suegros los Araya Pinto continuaron viviendo en esa casa y cimentaron su futuro en pleno centro del Pueblo de Lo Barnechea.

Hoy en día su casa guarda los vestigios de su larga vida, llena de fotos y recuerdos. La abuelita Socorro se sienta en su living al lado de su chimenea cada vez que su salud se lo permite, sigue recibiendo visitas e invitando a todos bisnietos y tataranietos a viajar en el tiempo con sus historias del siglo pasado.

 



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