Lo Barnechea pierde a uno de sus grandes arrieros

Ha muerto el arriero Luis Polanco, uno de nuestros tesoros humanos vivos, parte significativa del patrimonio inmaterial de la comuna.  El arriero más antiguo de Yerba Loca y hombre de montaña toda la vida, nos dejó hoy a los 76 años. Queremos recordarlo compartiendo con  ustedes parte de un reportaje que  le realizamos en la revista municipal hace unos años.

Luis Polanco: una vida en la montaña

Una de las profesiones más antiguas de la historia se esconde en las montañas de nuestra  comuna y se arraiga en lo más profundo del barnecheíno Luis Polanco: podríamos llegar a decir, que la naturaleza y él son uno solo.

El lugar de encuentro de esta entrevista es el Parque Yerba Loca, casa de Luis durante toda la vida. Tras unos minutos de espera, aparece este hombre montado en una yegua baya, excusándose por el retraso: “disculpe, es que tenía que ir a ver mis caballos por allá arriba, no ve que si no se me esconden.” Pareciera que ni el tiempo y el desarrollo de las grandes ciudades han llegado a su vida.

La naturaleza y la inclemencia del tiempo han hecho lo suyo en este arriero de 74 años. Hoy, medio enfermo, nos cuenta que ya lleva tres días durmiendo en el parque: “yo vengo para acá y acampo cuando tengo salidas con turistas, ahora llevo tres noches acá en el parque, con una sobrina y nieta, por si sale algo y porque he tenido harto que hacer con mis caballos.”

Este arriero de tomo y lomo comenzó su vida de montaña desde niño: “yo he venido de siempre aquí, de chico a la edad de 8 o 10 años con mi padre y hermanos mayores, hacíamos el Plomo para trabajar en las minas”.  Cuenta que así conocían las rutas para llegar a los glaciares y que de vez en cuando traían excursionistas.

Un poco más grande, siguió los pasos de su progenitor y comenzó a prestar servicios para los distintos yacimientos que existían en la cordillera, acarreando materiales a caballo o en mula, sin embargo su amor por la naturaleza y su gusto por la aventura hizo que estableciera su “oficina de trabajo” en Yerba Loca y comenzará a dar a conocer las bondades de la montaña a cada persona que quisiera verlas.

Desde este comienzo, ya son 30 años y alrededor de 3.000 turistas que han conocido, gracias a Polanco, los distintos tesoros que esconden las cimas y rutas de la cordillera como: El Plomo, La Paloma, La Parva,  Piedra Numerada y el Refugio Alemán, entre otros.

La vida de un arriero es estar la mayor parte del tiempo en la montaña, sobre todo en periodos estivales. Luis cuenta que muchas veces duerme más en el suelo del Parque Yerba Loca que en su casa, porque entre las salidas guiadas y sus animales, no lo dejan alejarse mucho: “vengo a ver los caballos, porque a veces se me esconden porque pastan libren por aquí. Además hay que ponerle herraduras… aunque ahora estoy malo para herrar eso sí, estoy herrando de a una a dos diarias”.

Como arriero su preocupación no solo es guiar las rutas que quieren recorrer los excursionistas sino también asistirlos en todo lo que necesiten: “nos preocupamos de llevar leña, pa´ hacerles fuego; ayudamos a calentar agua y a armar las carpas: porque cuando uno llega allá hay harto viento, entonces no les deja hacerlo, y uno no puede ser desconsiderado.”

Confiesa que lo más complicado de su trabajo es que nunca se sabe qué te espera en  la cordillera cuando se sale a una ruta: “se pasa harto frío, nunca nos ha pillado puro sol, puro bueno. Nos han pillado tormentas de nieve y lluvias, y uno queda todo mojado”.

Añoranzas del pasado

Luis es hoy el arriero más antiguo del parque Yerba Loca, en estos años ha visto cambiar no sólo los intereses de las familias, sino que también el clima, su tierra, sus rutas y sus glaciares: “los fines de semana se llena de gente aquí, pero los niños ya no son como antes, ya no se entusiasman cuando ven caballos. Yo los dejo ensillado por aquí y nadie arrienda como años atrás. Ahora se entretienen más andando en bicicleta”, reflexiona.

La naturaleza también ha sufrido un importante cambio según este barnecheíno: “el glaciar antes llegaba a la laguna y a unas planicies que hay ahí. Se ha retirado unos 500 metros en estos 50 años”. Nuestro entrevistado cierra los ojos y continúa: “en el Cerro El Plomo, en La Hoya, pasó lo mismo, todo eso era glaciar y nieve antes, habían puros penitentes más grandes que uno y otros más chiquititos… uta que era bonito…los penitentes se veían en filita pa´ arriba parecía milicos: ordenaditos para atrás.”



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